Volvamos a intentarlo.

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Volvamos a intentarlo.

16
Ago,2012

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El día que lo dejamos, los dos sabíamos que nuestra decisión fue la mejor. No podíamos seguir cargando a nuestra espalda una relación que no iba a ningún sitio. A ningún sitio que no fuera herirnos. Y el tiempo pasó sin pena ni gloria. Con un ‘Hola, qué tal’ manido, porque sí, quedamos como buenos amigos, lo amigos que pueden ser dos personas que acaban de romper.

Pero ahora, y cuando digo ahora quiero decir no hace mucho, la casualidad causalidad ha hecho que volvamos a encontrarnos en el camino, que yo te vea más guapo que nunca, más interesante que antes y tan tú como siempre. Todo este tiempo te he echado mucho de menos, y me doy cuenta ahora que estás ahí, aunque tú no lo sepas. Por eso, y porque te conozco, y porque sé cómo eres, aunque ahora estés un poquito más viejo, me he imaginado millones de veces como sería hablar contigo y acabar soltándote todo esto. Que te necesito y que echo de menos todo lo que me hacías sentir… Y creo que a ti también se te remueve algo por dentro, lo creo por la forma en la que me miras. Aunque sé que jamás nos vamos a dejar llevar, porque las cosas no serían fáciles obviamente, por eso pienso en ti e imagino una y otra vez la hipotética situación de final feliz.

Habríamos quedado donde siempre, allí a la vista de todo el mundo, total, no tenemos nada que esconder. Estarías tan guapo como siempre, con esa camisa de cuadros roja y azul y tus tejanos claros. Sentado en la silla, mirándome, relajado. Yo, en cambio, estaría nerviosa, moviendo la pierna, con pantalones cortos, Converse y el pelo suelto. Mirándote, mientras me cuentas una y mil anécdotas de tu trabajo, divertido, y yo hago como que te escucho mientras te sonrío y te miro, y me da vergüenza. Y en una de estas suspiras y te quedas callado, como tantas veces te he visto hacer, y es entonces cuando…

 – ¿Por qué no lo intentamos? – te digo sin mirarte.

Pero me recompongo y te miro, y te veo con esa cara de saber de lo que hablo, y dudas si dejarlo pasar y gastarme una broma o contestar.

 – No quiero perder, ni hacerte perder, un nuevo paraíso.

Y allí lo dejaste, esa expresión. Esa maldita expresión que tantas veces odié el día que nos separamos. La necesidad que tenía de montar nuestro paraíso, de construirlo solo nosotros, a golpe de risa y beso…

– No tenemos que construir un paraíso que podamos perder. La vida es simple. Tratemos de ser felices y ya está. Va a ser fácil.

– ¿Por qué?

– Porque cumplimos los tres requisitos indispensables para que una pareja funcione: tenemos una buena historia que contar, follamos muy bien, y contigo… contigo me río, pequeño.

 Y risas y risas y más risas.

Pero de las situaciones hipotéticas se despierta, a lo mejor, porque no sean tan buena idea. Y aunque dejarse llevar puede sonar demasiado bien, lo voy a intentar, aunque sea por esta vez.

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