Soy mala confidente de mí misma.

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Soy mala confidente de mí misma.

30
Mar,2015

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– Sacude esas ojeras de mapache. Píntate los morros y vámonos a la calle. 

Sí. Yo es que tengo amigas así de bordes. A veces incluso pienso que han aprendido de mí. Pero yo, que soy una beata obediente, lavé mi cara, sacudí mi melena, me puse un vestido corto, las gafas y nos fuimos a la calle. Así es Elena. Así me hace ser. Un terremoto. Era domingo, hacía calor y no me apetecía nada dejar de hibernar y ver The Office en bucle. Pero es que no se le puede decir que no. Así que pasamos de un pequeño no, a estar sentadas en la terraza del Café Comercial. Qué tía más pureta, en serio. Como le gusta el olor a pijo y naftalina. Yo que no le tengo miedo a la vida me pedí un gintonic de Beefeater porque era el más barato, y ella una tónica sola. Repito: una tónica sola. Y se supone que venía a contarme sus devaneos emocionales. Está claro que la que no aparta los devaneos soy yo.

– ¿Qué tal la fiesta anoche?
– Bien. 
– Que bien. Perdona por no quedarme, pero me moría del sueño. 
– ¡No! No tenía que haber sido ‘bien’ tenía que haber salido hoy en los periódicos. ¡Estuve un mes entero preparándola! 
– Pero, ¿qué paso? ¿qué esperabas? ¿Cuántas veces tengo que repetirte que no esperes nada?

Ay, madre. Abrí la caja de Pandora con esa pregunta. Yo quería que el domingo pasara sin más, y acababa de dar el pistoletazo de salida a una Guerra Mundial. Elena me miró muy seria y me dijo: ‘PUES PORQUE TODO LO HICE POR ÉL, Y AL MENOS ESPERABA QUE SE COMUNICARA CONMIGO. AUNQUE NO PUEDO HACER QUE ME IMPORTA PORQUE SE VA A PENSAR QUE SOY UNA TONTA DE ESAS COMO TÚ’ Sí, después de sacarme el cuchillo de la espalda pude razonar. Así somos las tías, queremos tocar lo que sentimos y no puede ser. La mayoría de las veces.

No sé en qué momento, ni quién, ni de qué sexo, decidió que el ocultismo de sentimientos y la estrategia es la única manera de mantener una relación viva en el siglo XXI. Yo para nada comparto esta teoría. Se supone que cuando chica conoce a chico, porque la sociedad es machista hasta para este orden, y se chico le gusta, pero mucho, mucho, SE LO TIENE QUE CALLAR. Pero no callar, en plan de estás afónica una semana, no, callar del de ‘jugar por las noches al Risk y analizar cada movimiento contrario para responder de la mejor manera posible’. Joder. UN PEDAZO DE ROLLO.

‘Mira tía, me gusta, me encanta. Me gusta tanto que pienso en él hasta vestido. Pero no, no se lo puedo decir, ¿qué va a pensar? ¿qué estoy loca? No puedo hacer que pierda el interés tan pronto’. HOLA QUÉ TAL. Pero, ¿el juego no es al revés? ¿no se supone que va a tener interés en ti por como eres, por cómo te desenvuelves de manera natural? Pues no, hay que hacerse la dura, la tonta, dar una de cal, una de arena. Y sufrir joder, sufrir por no saber que hacer la mayoría de los momentos. Ser feliz está totalmente sobrevalorado. Y así es como piensa Elena y el 99.9% de mis amigas.

– Elena, los tíos son unos simples. Le ha gustado, seguro, pero no te lo ha dicho porque supone que lo entiendes, y él no entiende que te tiene que decir ‘Gracias, mamá.’. Aún así, si necesitas el reconocimiento, habla con él  y dile que necesitas que te cuente lo que sintió.
– Estás muy loca. ¿Qué quieres? ¿Que me descubra y piensa que soy una blanda?
– No. La comunicación se inventó para solucionar protoproblemas. Deberías probarla. Sé que sabes.
– Y yo sé que sabes que una conversación está avocada al fracaso.
– No, puede que esté avocada una discusión, que seguramente evite un fracaso posterior. Discutir no es malo. Hay que discutir. Intentar entender posturas ajenas mola.
– Cómo te gusta hablar…

Qué razón tiene. Soy una fatal confidente de mí misma. De hecho, muchas veces tengo que pensar ‘no lo digas, Sara. Cállalo está vez.’ Y cuando estoy medio convencida. BABADUM. La mente me traiciona y acabo por soltarlo. Lo que sea. A veces para mal. Quién sabe, a lo mejor es que todo el mundo tiene razón, y yo soy la confundida. Que debería callarme, observar y preparar una estrategia que no me haga vaciarme pronto porque la otra parte sí que está jugando al Risk. Y lo pensaba allí mientras apuraba el gintonic y Elena estaba embobada jugando con un perrete.

– Pues, ¿sabes qué? Ayer discutí con un chico que acabo de conocer. -me entró tanto la risa que casi me ahogo.- A lo mejor tienes razón en la teoría mundial del Risk y no en la mía del mundoporbandera
– Tú, discutiendo con un tío. Otra vez. Esto me gusta. Cuéntame más. 
– No hay mucho más que contar. No me dejó que le mencionara en Twitter, y eso me hirió. 
– Normal, menudo gilipollas.
– Ya. Me sentó mal, pero tenía excusa. Y de las buenas.
– Tiene novia.
– No, pero casi. Jaja, no, es que su cuenta de Twitter es de su personaje, no de su persona.
– Tema farragoso… No, menudo gilipollas.
– El tema da igual. No me da igual, no me entiendas mal. Pero más que el hecho particular es el general. Me tenía que haber callado, no le conozco de nada. Y al final acabamos sintiéndonos mal por los dos por una gilipollez.
– Imagino tu cara de digna, que tantas veces he visto, despidiéndote, dándole la mano. Ese tío, se lo va a tener que currar mucho.
– ¿Me espiabas? No en serio, que todo esto tiene una moraleja. Que hables con Ricardo, pero que no te vuelvas loca.
– ¿Mezclamos la teoría del Risk y la del mundoporbandera y me invitas a unos cereales con Colacao?

No lo voy a poder evitar nunca. No me voy a poder calla jamás. Aunque eso haga que el tío en cuestión pierda el interés. Seguiré siendo una gran defensora de la Teoría del mundoporbandera, pero quizás tenga que afinar un poco las formas de decirlo. En definitiva, dejar de ser una nazi cuando me hacen  un poco de boquete en la coraza. Empatía creo que se llama… EJEM.

Que no os calléis, que le den a las estrategias, y que seáis felices, joder. Que la vida está muy infravalorada. 

 

2 Comments so far:

  1. Paula dice:

    Sara, no te calles NUNCA! 😉

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