Solo hay que verlo desde otra perspectiva.

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Solo hay que verlo desde otra perspectiva.

18
May,2015

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A Paula.

Solo hay que verlo desde otra perspectiva. Como desde la que yo te veo a ti. Cualquier otro día, en cualquier otra situación hubiera hecho un drama. Hola, han venido a dejarte. Me llamó la secretaria y me dijo eso. Está claro que que te dejen no es plato de gusto para nadie, pero hay veces y veces. La última vez que me dejaron (anterior a esta), en realidad fue bonito. Estaba liada con un chico que no vivía en mi ciudad y si eso ya lo complicaba todo, su agenda y mi independecia, hicieron la situación bastante insoportable. Fue él, cogió el toro por los cuernos, y me lo dijo sin más.

Claro que dolió, era el final de una relación, pero él fue tan entrañable al hacerlo, que no se lo puedo tener en cuenta. Y mucho menos después de lo que me quiso y de lo orgulloso que caminaba conmigo al lado.

Nos conocimos por casualidad, una noche, que él salía con sus amigos para celebrar que le acababan de dejar. Qué paradójico. Y conectamos, no sé. Sin querer.

Yo al principio tenía miedo y ganas de gustarle a partes iguales. Él salía de una relación un poco tóxica y yo no quería ser la relación de transición, que me gustara de verdad y que con el tiempo él se diera cuenta que yo no era exactamente lo que buscaba. Que no era ella, me repetía yo todas las noches.

No fue ningún problema, como podéis suponer. Él desde el principio me advirtió que pensaba en ella casi todos los días, y algunos, se sentía tentado a escribirle un mensaje. Quería que lo supiera porque confiaba en mí cosas como esas, que son secretosinconfesables y porque no quería que yo lo sintiera como amenaza. No quería engañarme, pero tampoco que yo estuviera preocupada. “Quiero estar conmigo”, me lo repetía cada día.

Hacíamos cosas normales, salíamos a cenar y a pasear. Nos mirábamos, nos reíamos juntos y uno del otro. Hacíamos planes por separado. Nuestros teléfonos eran los primeros en sonar para las buenas y las malas noticias. Me dejaba que le leyera Rayuela, primero, y Niebla, después en voz alta, mientras él preparaba pizza en la cocina. Caminábamos con su brazo sobre mis hombros, como me vuelve loca, y se dirigía a mi como “su chica” cuando estabamos con sus amigos, que pronto me presentó. Hacíamos el amor, a veces, y las otras, no dudaba en tirarme del pelo si se lo pedía.

A pesar de todos esos bueno ratos, también teníamos nuestras sombras. Discutíamos a veces, y no nos entendíamos otras muchas. Pero habíamos pactado dejarnos ser antes de juzgar. Antes de comparar. Y aunque nos llevó tiempo, y unos cuantos polvos de reconciliación, lo hicimos.

No todo esto fue suficiente. El tiempo se dilataba en el espacio, él tuvo que volver a su ciudad, y no podíamos darnos lo que necesitabamos. Nos dejamos de gustar, por las circunstancias. Y cuando llegó ese día, él me hizo ver que todo aquello ya no tenía sentido, y mucho menos espacio, en su vida, y que él en la mía tampoco.

A día de hoy, sus amigos son en mis amigos, él se fue a vivir a Londres, y coincidimos de vez en cuando. Ya no hay complicidad entre nosotros, pero la que hubo está aún latente. Y lo estará siempre.

Ésta fue la penúltima vez que me dejaron. La última no ha sido parecida.

Pero… Gracias por dar el paso y sacarme de tu vida, de permitir que pudieras gustarme y pudiera plantearme cosas que hace tiempo que no sentía; gracias por tu forma de no verla a ella cuando me mirabas a mí; gracias por esa forma de reírte de mi; y sobre todo gracias por esa forma de rendirte cuando solo “estábamos en lo mejor” porque todo va a hacer que la próxima vez que me dejen, no te recuerde a ti como el último, precisamente.

Una misma situación, desde otra perspectiva y cambian los recuerdos. Lo pasados y los futuros.

“Quizás el fallo estuvo en intentar cambiarnos uno al otro sin pararnos a pensar que la magia realmente ya no existía. Ni volverá a existir.”

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