Morder el p o l v o (mágico).

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Morder el p o l v o (mágico).

15
Ago,2012

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Era una tardenoche de lo más encantadora. Casi tanto como él. Habíamos quedado al pie del Starbucks a media tarde. Para más tarde bajar de cañas, y si se terciaba, de cena. Estábamos hablando de todo tipo de cosas. Cosas que hablábamos para rellenar el hueco del silencio que sino habría entre nosotros. Es un tío majo, y relativamente guapo. Resultón. Tiene un trabajo que me llama mucho la atención, vive solo y tiene un perro. Además de una camisa de cuadros que quita el sentido. Lo tiene todo para llamarme la atención. Pero no me la llamaba. Del todo. Hay algo que no me permite avanzar. He pasado página, pero aún no estoy preparada para cambiar de libro. No me permite avanzar. Y no me lo permite lo que tengo en la cabeza. Y en el móvil.

Sé que es de mala educación, pero en la aproximadamente hora y media que llevábamos juntos había comprobado las notificaciones de mi móvil cada cinco minutos. Sin encontrarme nada. Y la verdad que tampoco sé muy bien que estaba esperando. Quizás que, por ciencia infusa, intuyeras que estaba con otro chico. Que ese chico me interesa y que puedes perderme. Definitivamente. Y tiene guasa que fuera así, cuando ya no estamos juntos. Pero es así. Mi pensamiento viaja solo y en sentido contrario cual kamikaze.

Está claro que él se percata de que espero algo, no sé si bueno o malo. Y a la vista de que le gusto y que me puedo escapar de un momento a otro se lanza. Y empieza a hablarme de relaciones, de chicos y chicas, de como lo ve él. Y en ese mar de dudas e inseguridades por el que nada a lo largo y ancho de las explicaciones de su última relación, me lanzo y yo también le explico mi más profunda creencia. El porqué del fin de las relaciones.

– Yo no tengo tan claro eso de que se acabe el amor. De que se sigan caminos distintos aunque paralelos. Que alguien en quien lo habías encontrado todo ahora ya no te dé nada. Yo en lo que creo es que una relación dura lo que dura el número de polvos que esa pareja tiene asignados. De ahí que la ante sala de una ruptura sea dejar de hacer el amor. Se acaban los polvos, se acaba la pasión, se acaba la relación. Y eso es lo que nos da miedo. Que cualquier polvo pueda ser el último y por eso se deja de follar, para no tener que afrontar que se acabó y que se haga lo que se haga, esas dos personas ya no están hechas la una para la otra.

No le gustó mi explicación, porque empezó a creer en ella y porque creo que se sorprendió de que yo usara la palabra ‘follar’. Eso sí que no se lo esperaba. Pero esa breve, pero intensa, retahíla de argumentos que le solté, nos soltó verdaderamente y empezamos a hablar de quienes éramos y que estábamos buscando. Que queríamos, que lo teníamos claro, y que podía ser lo que fallaba cuando nos poníamos a buscarlo.

En ese momento le vi guapo como al que más, muy apetecible y follable al cien por cien. Creo que estaba empezando a gustarme, y si se hubiera callado aunque hubieran sido dos segundos, le habría besado. Y digo creo, porque así lo creía hasta que llegó una notificación a mi teléfono móvil. Lo leí. Y me preguntó. Indudablemente el también estaba tan a gusto como yo y no quería que nada lo estropeara.

– Era… era mi ex.

Y sentí explotar. Nadie lo sabía. Y yo ya no podía más con aquella presión. Y él me estaba dando la confianza del desconocido.

– Lo nuestro acabó hace ya un tiempo pero, seguimos viéndonos. Ya sabes.

– Ya, esas relaciones que no acaban nunca.

– Justo.

– Quizá es porque no habéis acabado el número de polvos…

Y así es como mi forma de ver la vida me reventó en la cara. Literalmente. Tanto, que él también se dio cuenta y podría afirmar que hasta le dolió un poco…

– Hostias, no quería…

– No, no. Tranquilo, no pasa nada. Si es la verdad. Hay parejas que dejan de hacerlo antes de dejarlo y hay parejas que al dejarlo lo hacen más. Debe ser el reverso de mi teoría. Estar todo el día follando para ver si acabas de una vez los polvos asignados y puedes pasar a otra cosa de una puta vez.

Acabar y pasar a otra cosa. A lo mejor habiéndolo dicho en alto podía empezar a convencerme de que así no podía seguir, porque que no era bueno ya lo sabía.

 

 

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