Lo peor de algunos vicios es que sonríen.

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Lo peor de algunos vicios es que sonríen.

13
Dic,2015

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Dicen que los domingos son para reflexionar. Para quedarte en la cama. Para comer brownie. Para ver mil series. Para no hacer nada. Para leer. Para pensar un poco en ti. Al igual que también dicen que el signo de libra, quiere demostrar la amistad, que aunque pase el tiempo siempre se está, como buena balanza, y porque la amistad siempre está ahí aunque no la veas, aunque se pierda un poco el contacto, siempre está ahí. 

Eso dicen, porque organizando un poco mi vida en un disco duro he encontrado esas fotos, de ese viaje que hicimos sin pensar y sin planear hace, ¿cuánto? ¿quizás 3-4 años? Como pasa el tiempo. Veo como nos mirábamos en esas fotos, las dos, diciendo en cada mirada que ‘dijimos siempre, y será para siempre’ y hoy las vuelvo a mirar. Vuelvo a ver esa mirada, y hoy ya no me dice nada. 

He tratado de recordar como sonreías y es demasiado tarde, ya lo he olvidado. Tu cara de sorprendida, las charlas serias a las 4 de la mañana, las bromas pesadas que siempre te gastaba, las promesas, la gente a la que odiábamos por igual. 

En apenas nada me he dado cuenta que ya he olvidado tu olor, las noches juntas, las alegrías y las penas. Olvidé aquello que te dije que te quería contar. Las tardes de compras, de tartas, de paseos, de cine en casa. He hecho un esfuerzo pero no he conseguido recordar los chistes, las críticas, las lágrimas que alguna vez me hiciste derramar. No recuerdo si está canción la bailábamos y la cantábamos juntas, no me acuerdo si esto era un secreto para nosotras. 

No recuerdo la última vez que nos dijimos algo solo con mirarnos, o nos mandamos ese mensaje que solo nosotras comprendáimos. No volveré a escuchar ese consejo que me repetías una y otra vez y que apenas recuerdo ya que decía. Ni si quiera recuerdo tu cara de enamorada cuando me hablabas de él embelesada. Se me ha olvidado hasta lo que es echarte de menos cuando no puedo parar de llorar. Creo que se me ha olvidado preguntarte, desde el corazón, ¿qué tal estás? Dios, creo que se me ha olvidado pensarte, y lo que es peor, se me ha olvidado qué era quererte. 

Se me ha olvidado ese tequiero tuyo que se me clavó en el corazón. Se me olvidó como era perdonarte cuando te pasabas de la raya, como era cuidarte, como era sentirme a veces tu madre, como era estar contigo todas esas veces que me lo pedías. 

Ya se me olvidó en qué momento cambió todo, en qué momento me convertí en una extraña, cualquiera del montón. Ya olvidé en qué momento empezaste a fingir, ya se me olvidó lo bien que fingías que te acordabas de mí, o que hacías eso por mí. Se me olvidó tu apoyo, tu confianza, tu ‘no va a pasar nada’. 

 

Justo he terminado de ver esas fotos y me he dado cuenta que no recuerdo concretamente el día que te olvidaste de mí, pero tengo clavado a fuego esos meses que hace que me obligo a no recordarte. A llevar a rajatabla eso de que el tiempo no pone nada en su lugar, solo nos acostumbra a que algunas cosas están cambiando y que tenemos que aceptarlo. 

 

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