LISBOA: la madurez se mide en cuántos carajos te importa celebrar San Valentín.

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LISBOA: la madurez se mide en cuántos carajos te importa celebrar San Valentín.

24
Feb,2015

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Sí, millones de seguidores. Hemos estado en Lisboa. Una locura.

Y el asunto sucedió así:

Sara: ¿Y si nos vamos a Lisboa un finde?
Peri: Sí es el de San Valentín, sí. 

A los diez minutos ya teníamos los billetes de tren. Ya habíamos avisado a Toño para que nos reservara el finde, y a Javi para que nos alojara. Y qué decir de ambos dos: que MUCHAS GRACIAS. Que es un gustazo ir a una ciudad a la que le tienes muchas ganas y no tener que preocuparte por nada. Simplemente ocuparte en desocuparte y en disfrutar. Fuimos cuatro modernos celebrando un No San Valentín, que nos salió redondo si no fuera por un par de detalles tontos. No, en serio, gracias a ambos de verdad, por tratarnos como reinas cuando no queremos ser ni princesas. Sois unos amores. Y también a Santi, que aunque pasaba por allí, también fue Spanish Team <3

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Sara y yo íbamos preparadas con recortes de revistas y reviews de internet sobre qué visitar en Lisboa en 3 días, pero la verdad que ni tiramos de ello. A la vuelta, en el tren sí que revisamos qué habíamos hecho y qué no, y lo único que nos dejamos fue Sintra. Una pena, pero es una excusa perfecta para volver y volver a ponernos hasta el culo de Pasteis de Belem, vino caro, gintonics y Sagres a porrón.

Nuestro hotel Fontecruz estaba en la Avenida Liberdade, milla de oro de Lisboa y a los pies de la Praça del Rossio, centro del Lisboa. Así que con esa exquisita ubicación pateamos y pateamos esa plaza hasta la Praça do Comércio. Pasando por el Arco de Rua Augusta y esa calle que es como la Preciados de Madrid o la Toro de Salamanca. A mí Lisboa me sorprendió, y eso que iba con idea de encontrarme con algo parcido a Oporto, pero no, me pareció no tan bohemia y sí mucho más bucólica. Ay, no sé, tenía un aire de tristeza que me dio un poco de repelús. A la par que me enamoró. A estas alturas espero que sepáis que me van los dramas.

La zona que más me gusto fue el Barrio Alto, como Toño ya me había dicho. Ay, mi Toñico Loco, cómo me conoce, y como te quiero. Gracias por todo, otra vez. Es una especie de Malasaña, pero todavía mola más, porque los sitios son aún más castizos, porque no está a rebosar, y porque la gente ESTÁ EN LA CALLE. En serio, si alguna vez vivo en Lisboa ya sé donde viviré, y vosotros ya sabéis que barrio no tenéis que dejar de visitar.

Y a parte de Belem, que es famoso por la torre y los pasteles, y que sí, muy bonito, pero demasiado manido y visitado… me gustó mucho Alfama, o alfalfa como no podía decir de llamarlo. Es un barrio a medio camino entre el gótico de Barcelona, el Albaicín de Granada y las cuestas de Candelario. Un amor de sitio, poco transitado, pero con una callejuelas dignas de perderse que en nada tiene que envidiar a las de Venecia.

Bares con encanto, clubs modernos e incluso puticlubs; la vida turísitica y de postureo de Lisboa no tiene nada que envidiarle a Madrid. Os lo digo yo, que esto ya es demasiado mainstream 😛

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Aunque he de decir que la visita no hubise sido igual durmiendo en cualquier cutre-albergue al cual nos dirigiamos a practicar el inglés, hasta que en nuestra vida se cruzó Javi, y nos reservó una habitación, ¿qué digo? UNA HABITACIÓN en el Fontecruz de Lisboa. Un hotel que a primera vista parece un puti, aunque en realidad creo que se trata más bien de eso, pero que mola mil.

Ha sido mi primera vez en un cinco estrellas, y ¿qué queréis que os diga? que ojalá me desvirguen más veces en sitios como éste. La maravilla de cama, la maravilla de cena, la maravilla de desayuno en la habitación. La maravilla de la presión de la ducha, de los paragüas en la puerta, de las ALMOHADAS, de las vistas, de la terraza. De los camareros guapos, de los camareros simpáticos, de las cosas que pasan en el Fontecruz se quedan en el Fontecruz… y de millones de cosas más que pasan cuando eliges un viaje con la compañía adecuada.

En resumen, que volveré a Lisboa nosécuandonidequémanera, pero que volveré. Al poder ser, de la misma manera.

Y también gracias a ti Sara, por celebrar No San Valentín conmigo. Algo absolutamente necesario para mi amor. Te quiero.

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