He hecho muchas, muchísimas cosas mal, pero nunca fingí amor.

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He hecho muchas, muchísimas cosas mal, pero nunca fingí amor.

29
Abr,2017

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Aquel abril me levanté teniendo las cosas muy claras. Como nunca antes, al menos en los dos años anteriores, las había tenido. Estaba desayunando la mañana que cumplí 28 años y las lágrimas apenas me dejaban tragar. Nunca el amor me había dolido tanto.

No fue un dolor insoportable que partiera el alma, nunca he entendido a la gente que no sabe ni por donde empezar cuando acaba una relación, porque a mí ese día me quedó claro que dolía, pero que no arrasaba.

Todos deberíamos grabarnos a fuego eso de que ni la felicidad, ni que la nevera esté llena, ni las ganas de follar deben depender nunca de otra persona. 

Yo me lo repetía cada mañana de aquellos dos años que compartí con él. Y lo acababa con un “En serio.” enfrente del espejo. Cada una de aquellas mañanas que me decía aquello era feliz. Trabajaba en algo que me encantaba, su mensaje de buenosdías no faltaba nunca, hacía planes con él, con mis amigas, con él y con mis amigas, y teníamos un sexo de la hostia. Algunos días. Esos días en los tenía una excusa para salir tarde del trabajo, para visitar a sus padres o para inventarse uno de aquellos viajes. 

El resto de los días yo dormía sola y guardaba mi torrente de amor por él en esperar la hora para salir de trabajar y follar. 

Y después ir a comernos la hamburguesa más grande del mundo a Naïf. 

Volver a casa a hacer el amor. 

Llamarle para ir a La Casa del Libro a leer la primera y la última frase de Niebla. 

Que se riera de mí todo el rato porque no dejo de hablar. 

Pasarle la mano por el pelo y deshacerle el flequillo.  

Ver Mad Men. 

Inventarnos palabras. Like ever.

Enviarnos Whatsapps sin sentido a las 4 am. 

Que me pregunte donde estoy. 

Escribir para nadie y pensar que solo lo lee él. 

Llamarle al telefonillo a cualquier hora. 

O él a mí. 

Tocarle las narices. 

Corretear entre mis múltiples metidas de pata. 

Borrarlas. O tratar de hacerlo. 

Vernos, de vez en cuando, cuando nos apetecía. 

Que no le guste nada de lo que me gusta a mí. 

Enviarle flores al trabajo y poner en la tarjeta: Our worst fears lie in anticipation. 

Quemar suelas. 

Carreteras, calles, ciudades, montañas. 

 

 

Nadie tuvo la culpa. Ni él ni yo tuvimos la culpa de que aquel miércoles no pudiera felicitarme porque tenía una cena en casa de sus suegros. 

 

Un año después de todo aquello, aquellos días tóxicos en los que puede que llegáramos a odiarnos, cumplo 29 años.
Ojalá algún día sienta todo lo que yo sentí en 2016.
Ojalá en esta vida o en otra. 

U ojalá no. 

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