Espera, me pongo cualquier cosa y te acompaño a tocar fondo.

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Espera, me pongo cualquier cosa y te acompaño a tocar fondo.

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Ene,2017

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Dicen que el verano acaba en septiembre, pero para mí empieza a acabarse en agosto. En esos días de calor madrileño asfixiante en los que huyo de Madrid a respirar. Un viernes cualquiera, haciéndose de noche en la terraza de casa de mis padres veo una foto en Facebook que fue el principio, ¿del final?

Yo no tenía ninguna intención de que aparecieras con esa sonrisa tan particular. No estabas en mis planes, y cuando llegaste me prohibí cualquier emoción y jamás imaginé ni siquiera llamar tu atención. Lo intenté 24h, y otras más, y otras más… pero al final mi niña interior pudo más que yo, y me fue completamente imposible no querer saber de ti, al principio de vez en cuando, después a todas horas.

Y de repente ahí estábamos, averiguando sobre nuestra vida. Hablando cada día y cada noche, esperando siempre al día siguiente para seguir hablando. Cada día y cada noche. Siendo sincera, me bastaba con que me dedicaras un ‘0k’ para que cualquier día fuera, ya de por sí, mejor.

Era inevitable. Como cada uno de mis impulsos. Empecé a sentirme cada vez más interesada en ti. Me ponía nerviosa cuando aparecías, sin dejar de insistir en ser parte de tus días. Y como buena valiente y buena cobarde, decidí huir de aquello. Era imposible que en algún momento me eligieras, y decidí ignorarte. Alejarme, aunque sabía que tú no intentarías acercarte. Y cuando aquel chispazo de la primera vez se me olvidó, BADABUM: tú apareciste de nuevo, te acercaste, y tu maldita sonrisa, me derritió. Otra vez.

No sé ni si me esforcé o si mis esfuerzos sirvieron de algo. Pero cuando me quise dar cuenta ahí estábamos, hablando, sonriéndonos, conociéndonos. Y entonces me envolviste, y no hice ningún esfuerzo por zafarme de ti. Me convenció tu sonrisa, tu aroma, tu piel, tu aliento. Me convenciste tú.

Ni siquiera me diste tiempo a pensar en la situación. Si estaba bien o si estaba mal. Éramos solo tú y yo y nuestros momentos mágicos. Era demasiado tarde para ser razonable. Para mostrarme madura. Me fue completamente imposible resistirme a ti.

Como en todo no he sido perfecta. He tenido más fallos que aciertos, pero entre ellos está el intentar volver a acercame a ti. Y aunque para ti esto solo haya sido agua pasada, yo no me arrepiento de haberlo intentado.

Mañana al mirarte no me puedo imaginar como será el encuentro. Si me verás, me ignorarás, me escribirás. Y aunque me gustaría merecerme más de uno tus sentimientos, creo que que este encuentro ha sido debut y despedida.

Menos mal que una vez, me enviaste flores.

 

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