El pijo festivalero

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El pijo festivalero

31
Jul,2015

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Sé que hacía calor, que bailaba al ritmo de Disclosure, que estaba saliendo el sol y que no tengo ni idea de cómo apareciste a mi lado. Pero de repente allí estábamos, vosotros y nosotros, dándolo todo dejando la noche atrás. No nos conocíamos de nada, y allí estuvimos por lo menos una hora. Bailando, bebiendo, riéndonos, subiéndonos a cascabelera, revolcándonos por el suelo. Y ninguno sabíamos como nos llamábamos. 

Yo había ido con mis amigas, como cada año. Y como cada año teníamos una nueva historia que contar. Una quería dejar el trabajo y ‘emprender’ pero que aún no se atrevía, otra que había ido hasta allí para vigilar por el rabillo del ojo a su fabari (ese follaamigo que aunque lo niegue, fue algo más), y yo. Yo. Yo que quería olvidarme de la presión del trabajo y pensar en mí, dejar de pensar que no era lo suficientemente buena desde que ese gilipollas me dijera que de todo el tiempo que estuvo conmigo solo le gustó el primer día. G I L I P O L L A S. 

Había ido con la mente en modo avión: con el cuerpo activo y la cabeza en un Kit Kat. Me daba igual si dormíamos, si no. Si bebíamos, si no. Si íbamos detrás del fabari, si…VALE NO, ESO NO. Y en una de esas de, ‘Basta ya tía, que te está burreando’ aparecieron ellos a nuestro lado.

Entonces se hizo de día. Me cogió la cara, me miró y pronunció dos palabras que no entendí. ‘Qué pena’. ¿Qué pena, qué?, pregunté yo. Me besó en los labios. Y desapareció. 

Al día siguiente no sé si lo había soñado o no. Así que lo dejé pasar. Hasta que 3 días después de todo aquello, cuando yo estaba otra vez inmersa en mi rutina, recibí EL mensaje:

Qué pena que nuestra mejor primera cita durara tan poco. Quiero una segunda. ¿Quieres?

Quedamos a la salida del trabajo, y ya vamos por la segunda copa. ¿Continuará?

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