Él era de los que no extrañaban. Y supongo que tenía suerte. Ella tampoco era de las que volvían.

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Él era de los que no extrañaban. Y supongo que tenía suerte. Ella tampoco era de las que volvían.

28
Jun,2016

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– Dime una cosa, Javi, ¿por qué te cae mal Manu?

– No me cae mal -me aseguró con los ojos puestos en la ciudad que se deslizaba por la ventanilla-. Es solo que siempre he pensado que sabía que sentías algo por él, pero nunca te paró los pies. Alimentaba tus esperanzas porque a todos nos gusta sentirnos queridos. Estoy seguro de que te aprecia y que te quiere mucho. Pero yo, que te quiero bien, lo habría hecho de otro modo.

– ¿Y por qué nunca has sopesado la idea de que realmente siente algo por mí que no le permite alejarme?
– Porque no es lo que te conviene. -Se giró y me sonrió calmado.- No es un chico para ti. Tú necesitas a alguien más calmado, con más sal. Alguien que sepa pararte los pies y darte alas. Alguien que te adore por como eres y que no quiera cambiarte jamás. Y ese alguien está ahí, esperándote.

Lo dicho, Javi era un jodido regalo. A veces doliente, joputa y demasiado sensible, pero a menudo, la piedra angular en la que puedo apoyarme cuando me flaquean las fuerzas.

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