El amor, como los dinosaurios, existe.

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El amor, como los dinosaurios, existe.

17
Ago,2016

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A María Ag.

A Noe acaban de robarle la cartera. Genial, después de tres días de ferias ya pensaba que este año nos librabamos del robo, pero no: el Daniels nunca defrauda.

Y aquí estamos todas, porque nosotras somos así, como si nos acabaran de robar el himen y una fuera gitana, acompañando a la Comisaría de atomarporculo a poner la pertinente denuncia, porque a estas alturas devolver no le van a devolver ni la dignidad ni le van a colocar el rimmel en su sitio, pero aquí, las seis cual piñata. Digo, piña.

Yo, que hoy llevo mis pantalones de gorda, me he salido a esperar sentada en la escalera. Ya de paso, me he encendido un piti que llevaría en este bolso desde el verano de 2005, y he sacado el móvil. PI PI PI PI PI: ERROR. Después del Chichi del amor que me ha hecho cantar gritando por Love of Lesbian en La Imprenta y el TGV que no probaba desde la universidad, no estoy en las mejores condiciones para ni siquiera pasar el dedo cerca de cualquier red social. Pero en ese momento ha salido Cuqui preocupada por si seguía allí con vida, y se ha sentado a mi lado mientras me agarraba del brazo y me he sentido inmortal y super responsable. Así que he entrado en Whatsapp mientras me repetía: “Reacciona. Sé humana.”  Y entonces, allí estaba ese mensaje. Y no estaba aquel otro. Y yo como buena drama queen ya sabéis a que le he dado importancia…

– Dime que esa cara es porque ya has aceptado que Ryan Gosling está casado y no porque haya pasado algo.
– Pues tengo que decirte una cosa: ha pasado.
– ¿Qué?
– Ha pasado que no sé en qué jodido momento le he mandado un mensaje a Carlos que pone exactamente: “A Noe le han robado la cartera  y vamos a denunciar”
– Dios, qué drama. Le acabas de contar la verdad.
– Ya, joder. Pero es que me ha dicho que se monta en el coche y viene.
– Que tío más amor. Te tienes que casar con él.
– Que no, joder. Que no quiero que venga, ¿a qué va a venir? ¿Qué clase de relación se cree que tenemos?

Ninguna. Y él es un tío genial. Solo que soy PATÉTICA. Porque no era ese mensaje el que quería leer. Yo quería leer un mensaje de una especie de ser humano que CLARAMENTE PASA DE MÍ. Ese que me deja tirada varias veces en una misma semana y me pone unas excusas de lo más paranormales. La Cuqui, que es muy lista, me lee la mente ipso facto. Y, que no tiene nada para callado, me lo suelta: “Por todas la losetas de la casa nueva, ese tío, lo primero es un gilipollas, y lo segundo es un gilipollas. Que no quiere quedar contigo pero se hace el interesante, porque a todos nos gusta que nos coman la oreja. Corta y cambia.”

Y allí nos quedamos las dos, en silencio y mirándonos. Yo empiezo a sorber por la nariz y Cuqui sabe que voy a empezar a llorar todo el alcohol que me he bebido. En esos momentos en los que quieres vomitar siempre es necesario tener a alguien al lado que sepa sujetarte la melena, la dignidad y hasta el corazón.

– Anda, vámonos a dormir, pequeño pony. Que dice ese policía que nos lleva en el coche patrulla. 

Mi vida. 

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