¿Dónde está la línea límite de nuestra intimidad?

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¿Dónde está la línea límite de nuestra intimidad?

25
Ene,2015

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Lo primero que me enseñaron en un curso de Social Media, es que no publiques en las redes sociales, en tu nombre o para una empresa, algo que no te gustaría encontrarte al día siguiente en la portada de cualquier periódico de tirada nacional. Todo lo demás está permitido. Entiéndase esto, como contenido blanco o no, pero no hiriente. Porque por mucha libertad de expresión que pidamos, no olvidemos que cualquier conjunto de libertades termina donde empieza la del otro.

Pues bien, aunque me dedique al mundo de la comunicación, y sepa que hay que comunicar y que si decides comunicar lo tienes que hacer para todo el mundo, no llevo muy a rajatabla esto en mi vida personal. Tengo perfiles en casi todas las redes sociales posibles (sí, soy de esas que aún conservan Tuenti), sí, algunas las tengo con candadito, como decíamos hace tiempo. Facebook e Instagram son casa. En Twitter, Pinterest o en este blog puedo publicar cosas de todo tipo, que me representan sí, pero que no traspasan esa línea que separa el comunicar con la intimidad. En cambio, en Facebook e Intagram publico más cosas personales, fotos con mis amigas, con mi familia, textos que se refieren a algún buen o mal día en el trabajo, que no pueden estar al alcance de todo el mundo. Elijo (hago criba) sobre mis seguidores o mis amigos en ambas redes, priorizo quien puede acceder a esa información o no. No lo hago por avaricia, o porque mis contenidos no sean aptos para todos los públicos, sino porque elijo quién tiene suficiente peso para estar al tanto de mi vida y quien no.

Y aquí es donde aparece la eterna duda, ¿merecemos ser juzgados por lo que publicamos en nuestras RRSS?

De manera objetiva respondería que NO.
De manera subjetiva, tendría que contestar que SÍ. 

Conozcamos más o menos a la persona que sigamos en Instagram alguna vez hemos hecho un juicio de valor sobre ese michelín en aquella foto en bañador, o sobre ese texto pasteloso en una foto de ‘forever alone’. Pasa, es algo inalienable al ser humano: juzgamos. Es inevitable el pensamiento que nos sobreviene cuando vemos esa foto, que incluso la comentamos con alguien.

Pero una cosa es opinar y otra cosa es mofarse de esa publicación, que para ti no es nada, y que para otra persona puede ser un mundo. Alguna vez deberíamos pararnos a pensar que donde tú ves una foto de unos pies con juanete en la playa, para la persona que lo publica puede que resuma ese viaje catarsis que le ha sacado de una situación difícil. O donde tú ves un comentario sexual en una foto de unos labios, no sea más que un juego de palabras con alguna amiga. Así que ahórrate ese comentario hiriente sobre esos pies feos, o ese chiste verde fácil. 

O sí los haces, que hay un 90% de probabilidades que se hagan, párate a pensar que todo el mundo no tiene porque ser tan fuerte como tú para que le resbale todo, y sea un poquito más susceptible. Empatiza, con la vida en general, que un poco a todos no nos vendría mal.

Y que nuestra vida es nuestra, ¡qué coño!

Fin de la reflexión.

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