Como todo, tienes un precio. ¿Cuánto valemos las mujeres?

Home  >>  Pura Saablama  >>  Como todo, tienes un precio. ¿Cuánto valemos las mujeres?

Como todo, tienes un precio. ¿Cuánto valemos las mujeres?

6
Oct,2016

0

No doy crédito a lo que acabo de escuchar de la boca de ese tío, que hasta ahora he llamado hombre, y que ahora pasaré a llamar cretino. Que sí, que salió y que ligó concretamente con una señorita con las tetas operadas que había que probar. Que había que probar si merecía la pena pasar un rato con ella antes de llegar a casa y meterse en la cama con su novia. Porque sí amigos, tenía que probar a esa chica, y a esa otra, y a aquella de allí, para decidir si quiere dejar a su novia.

Yo me quedé con una gran cara de póker, incapaz de cerrar la boca en medio de esa conversación. A punto de levantarme e irme, hasta que de repente (Oh, Dios) una voz femenina dice: ‘Normal’. Por un momento creí que no podría aguantarme todas esas palabras que me estaban golpeando contra los dientes, pero ¿acaso no nos han enseñado que los tíos siempre tenían razón en todo lo que nos decían? El neoliberalismo del amor.  

A mí me han educado de manera en la que no se trata a la gente como mercancía. No como un producto que algunos prueban, califican, y puede que un tiempo después (no demasiado largo) ‘descambien’. Pero, ¿esta enseñanza de mis padres en los 90 se ha quedado obsoleta en los 2000? En estos días en los que calificamos todo con la política del sile-nole, ¿importa demasiado tratar a alguien como si no pudieras comprarlo en Amazon? Porque en octubre de 2016, una relación fallida o que creemos fallida, solamente es una oportunidad para encontrar una nueva prenda. O para que te encuentren pasando fotos con el dedo mientras deciden cuales de esas personas, supuestamente emocionalmente disponibles, tiene más valor para pasar un rato. ¿Qué podemos esperar de una sociedad en la que hasta las rupturas se ganas o se pierden?

El truco de la meritocracia. Tú eres el conjunto de tus méritos. Me da igual si eres rico, guapo, médico o alemán, ¿tienes lo que quiere el mercado? Entonces ganarás. Esa es la única regla de este campo de batalla: conseguir cosas. Compra más. Adelgaza más. Sonríe más. Sal más. Folla más. Sube más fotos de mentira a Instagram. Sigue. Ábrelo, consume y colecciona. ¿Hay algo que has probado que te parece lo suficientemente perfecto para ti? Ni te preocupes, deshazte de ello y a por lo siguiente.

Y sé que te lo estarás preguntado, ¿dónde queda el autoestima y alma de las personas en este sistema neoliberal en el que solo pretendemos convertir la vida en mercancía? Así es, ha desaparecido. En 2016 unicamente nos enfocamos a acercarnos al éxito. Y el éxito para la mujer en el Patriarcado está más que claro: conseguir la aprobación masculina. En forma de novio, marido o palmadita en la espalda por los servicios prestados.

Pero, ojo cuidado, no te pases. No te muestres demasiado lista, el hombre no se puede asustar. Si eres alta, no te pongas tacones. Si eres bajita, no te los quites. Tienes que conseguir no resultar intimidante o poca cosa. Y bueno, si tienes algún problema personal, no se te ocurra mencionar lo que te preocupa: el hombre no ha nacido para perder el tiempo con tus problemas. No te abras jamás y siempre muéstrate débil y dócil. ¿O es que quieres que los hombres piensen que eres problemática y entonces pasen de ti? Siempre va a haber otra que sonría más y mejor. Recuérdalo.

Solo las que puntúan lo suficientemente alto en una escala que valora el atractivo en términos de follabilidad tienen derecho a estar locas Y, no compitas con ellas, son perfectas. Aquí vales lo que vales según lo que los otros necesiten de ti, y lo que esperan con sus necesidades es que sean ellos los que salen ganando. En bucle, hasta el infinito. 

Aquí a las mujeres hay que mantenerlas entretenidas en alguna realidad paralela, que a eso han venido, a estar en esta vida para ser perfectas. Esa típica perfección inalcanzable del cuerpo Photoshop. Esa cinturita de avispa, esas tetas bien puestas, esa boca jugosa, esa vagina rejuvenecida que no desvele tu edad. Una mujer como las que Dios manda. Esa hembra perfecta, siempre disponible y sonriente que te vende el porno.

Cultiva tu perfección. Satisfaz todas las necesidades, no supongas ni un solo problema. Esa es la única manera en la que tendrás acceso a ese mercado elitista de los ‘cretinos hombres de gran valor’. Mírate, tienes una vagina y eres el sexo débil, tienes suerte de poder pujar en ese mercado. Tienes la gran suerte de competir con otras mujeres por esos ‘hombres de gran valor’. Porque, claro cariño, las mujeres estamos en este mundo para competir. En el mercado sexual ningún hombre se siente competencia de otro, pero tú, querida amiga eres la competencia de esa otra mujer. ¿Quién necesita fiestas de pijamas tiendo misoginia interiorizada? ¿O es que jamás has odiado a esa otra chica solo porque está interesada en el mismo hombre que tú, que no perderá la oportunidad de acostarse con las dos en la misma noche? Esa ex. La ex. Su ex. Y todo ese conjunto de trolls en una batalla final en la que el único que va a salir victorioso es el macho.

Y nosotras no queremos ser competencia.
No queremos competir por las migajas del amor de nadie.
No queremos ser la número uno.
No queremos ser un número.
No queremos ser ganado.
Queremos ser personas. No objetos.

Pero la triste realidad es que en este mercado no hay sitios para productos defectuosos. Así que, ¿qué hacemos?Personalmente, opto por fijar mi valor sexual de mercado en un bonito y glorioso número uno.

Un ‘uno’ como este.

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *