A veces no sé de qué hablo. Otras tampoco.

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A veces no sé de qué hablo. Otras tampoco.

13
Ene,2015

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Supongo que es la progresión normal. Alguien sabe que está haciendo algo mal, y corta. De raíz. Cuando hacemos algo mal nos sentimos mal, nos pesa el cuerpo y a veces incluso se nos nubla la vista de la presión. Así que soltamos aire, y volvemos a retomar aquello que dejamos, que nos hacía bien, o que por lo menos nos hacía pasar los días y sentir un poco más libres.

Cuando esto pasa nos volvemos egoístas, solo buscamos nuestro propio bienestar, nuestro propio ‘esto-no-me-puede-estar-pasando-a-mí’, y aunque no nos olvidemos de lo que dejamos, sí que comenzamos a ignorarlo. A hacerlo pequeñito, hasta que al final lo olvidamos. Y, cualquier día del futuro, diremos ‘tampoco-era-para-tanto’.

Pero hasta que llega ese futuro, hay alguien al otro lado que se queda en el presente. Esa otra parte a la que intentamos hacer pequeñita para quitárnosla del medio, tiene un tamaño real. Y a veces es feliz, y a veces tiene problemas. Y a veces llora, y a veces grita. Pero casi siempre espera más. Esperar, que palabra tan problemática. Porque mientras tú te vas sin dar explicaciones, esa parte se queda mirando, sabiendo que era lo mejor cuando las cosas no van a ninguna parte. Hasta que pasan unos días y se siente como Rachel, bajo la lluvia, declarándole todo su amor a Dex. Como os podéis imaginar él le dice NO, no va a romper su vida de mierda para ser hipotéticamente feliz con ella. ¡Qué osado!  Y duele morder el polvo. Porque no va a venir Johnny a decirle ‘no permitiré que nadie te arrincone’, a sacarle de allí y a ser felices para siempre.

Porque la otra parte es consciente de todo. Solo necesita tiempo para volver a su normalidad. Esa que tampoco está nada mal, y que valora como lo que más. Porque ella es solo suya, y a veces le da rápida y demasiada importancia a personas que decepcionan muy pronto. Pero a veces se le pone pipa un ojo de leer hasta casi borrar, ese mensaje que no es capaz de contestar.

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